Aún quedan moldes por romper

Aún quedan moldes por romper
Hoy contamos en nuestro blog con un artículo de Irene Izquierdo. Irene trabaja como especialista de producto en espectroscopía aplicada en Bruker Optics. Es doctora en química física y experta en espectroscopía IR, NIR y Raman, así como en análisis multivariante.
¡Mil gracias, Irene!

Aún quedan moldes por romper

Cuando empecé la Tesis el instrumento estrella del laboratorio, aquel con el que salían los mejores resultados que siempre acababan en todos los papers del grupo, era un microscopio Raman que valía lo que una casa.

Todos lo manejábamos con cuidado. Zuzana, que estaba ya a punto de terminar su tesis, tenía un toque especial y no había desalineamiento del láser que se le resistiera. Si no tenías señal, llamabas a Zuzana. Tocaba el equipo con casi tanto tino como Riccardo, el técnico del fabricante, que en realidad era lo que en instrumentación se conoce como un especialista de producto; y que hacía a la vez de comercial, ingeniero de servicio y científico de aplicaciones.

El mejor trabajo del mundo

Riccardo viajaba por el sur de Europa resolviendo problemas en microscopios Raman, conocía a todo el mundo de ese campo, y siempre me pareció que tenía el mejor trabajo del mundo. Le dijo una vez a Zuzana que si quería trabajar con él, pero ella continuó la carrera académica de vuelta a Eslovaquia. Hoy su puesto lo lleva otro chico, un francés.

Desde entonces, en los nueve años que estuve en investigación en diversos centros de varios países, un reguero de señores fue pasando de vez en cuando a arreglar un equipo, resolver una duda de software o dar un cursillo. Nunca una mujer, pero ni siquiera me di cuenta de este detalle.

En 2016, después de tres años de postdoc, con dos hijas pequeñas y viviendo en el este de Francia, yo ya sólo podía pensar en volver junto a la familia. Tener a alguien con quien dejar a las niñas para salir un día a cenar. Volver a ver el sol y los días largos. Así que dejé echada la típica solicitud de Juan de la Cierva, sin muchas esperanzas, y me puse a buscar algo en Industria. Vi una oferta de comercial de una empresa que vendía, entre otras cosas, microscopios Raman. 

No iba a ser el típico comercial que no tenía ni idea.

 

BRAVO Raman de Bruker. Foto de Mount Holyoke.

Aportando valor

Sí, era un puesto de comercial, eso que a todos los científicos no nos gusta nada. Yo tenía dos hijas y preferí tragarme el ego, deshacerme de prejuicios e intentarlo. Al fin y al cabo, pensé, soy simpática y sé de espectroscopía, podría vender espectrómetros. Es más, ¿tal vez pudiera ser una comercial diferente? Alguien que aportase algo más, dado que conocía muy bien los detalles y retos que presentan los distintos campos de investigación en los que se usa la espectroscopía vibracional.

No iba a ser el típico comercial que no tenía ni idea (más adelante, me di cuenta de que eso también era un prejuicio).

En aquella empresa, liderada por dos mujeres, había igual proporción de mujeres y hombres entre los comerciales, mayoría de mujeres en administración y, entre el servicio técnico, un montón de señores y una chica de mi edad. Bueno, chica, ya andábamos en los treinta y tantos. Doctorada en química analítica y especialista en cromatografía. Éramos 4 doctorados entre comerciales y servicio. El ambiente era genial y aprendí mucho en esos dos años, en los que estuve principalmente vendiendo, de aquella manera diferente en la que los doctores podemos vender.

Explorando nuevas opciones

Como comercial de instrumentación, conocí a algunos FAS o field application scientists, un trabajo que hasta entonces desconocía. Personas que ayudan a desarrollar “aplicaciones”, es decir, el uso de una determinada técnica en un campo específico; o dicho de otra forma, el desarrollo de nuevos métodos de análisis. Normalmente los FAS trabajan como soporte a ventas: si un comercial da con un cliente que quiere desarrollar algo nuevo, llama al FAS para hacer pruebas preliminares. Es alguien que hace ciencia para otros. En investigación no suelen hacer falta más que para dar cursos, porque los investigadores hacen las pruebas ellos solitos, pero en industria sí: ahí no se compra nada “para ver si funciona”. Después, llegó mi oportunidad. Me presenté a un puesto de especialista de producto, estos que son una mezcla de comercial, servicio y FAS.

Sin embargo, no dejo de ver que soy de las pocas que llevan en la mochila el juego de llaves allen junto al portátil y el pintalabios.

Convirtiéndome en rareza

– ¿Tú coges un destornillador? – me preguntaron en la entrevista -. ¿Te pones un casco?

Salí dándole vueltas a si esas preguntas se las hacían a los candidatos hombres. Claro que respondí que sí, pero me fui a dormir dudando de si se habrían quedado convencidos. Era la primera vez que sentía esa diferencia. No tenía nada que ver, como nos pasa a menudo a las mujeres madres, con “qué vas a hacer con los niños”, sino con ser percibida como una rareza, alguien que no está pintado para este papel.

Pero me dieron el trabajo, aquí sigo, y no me sacan ni con agua caliente.

Sin embargo, no dejo de ver que soy de las pocas que llevan en la mochila el juego de llaves allen junto al portátil y el pintalabios. 

Zuzana era mejor que yo alineando. Probablemente tú seas mejor que yo desarrollando aplicaciones. Descubrirás soluciones a problemas que nunca se te ocurrió que existían. Descubrirás la ciencia como servicio al otro. Y tal vez tengas que llevar una caja de herramientas siempre en el coche por si acaso, lo que te hace sentir como McGyver con su chicle. 

Igual no se te había ocurrido, pero también podrías ser técnica de instrumentación.

🖋 Irene Izquierdo

 

¿Conoces los pasos a seguir para comenzar una transición profesional?

CLICK AQUÍ

¿Quieres recibir más información sobre Carreras Científicas Alternativas?

CLICK AQUÍ