Cómo ayuda la meditación Mindfulness a un científico

Que es la meditacion mindfulness y como puede ayudar a un cientifico

Si estás leyendo este post, quiere decir que muy probablemente eres científico, has oído el término meditación mindfulness (sepas o no exactamente a qué se refiere), y te preguntas qué narices tiene que ver la velocidad con el tocino.
¿Ciencia? Vale.
¿Meditación? Bueno.
Pero ¿cómo puede ayudar la meditación a un científico?

Lo primero: ¿Qué es la meditación mindfulness?

Hay muchos tipos de meditación (Zen, Kundalini, Tonglen…), y muchas maneras de clasificarlas, dependiendo del sustrato sobre el que uno pone su atención (la respiración, los sonidos, el sufrimiento), el objetivo al que aspira (relajarse, observar la mente, lidiar con una emoción difícil), etc.

La meditación es como las cadenas de radio: hay para todos los gustos, y no a todos nos encajan todas.

El mindfulness o atención plena consiste en poner toda nuestra atención en el AHORA (en este exacto instante), con una actitud curiosa y libre de juicio. En otras palabras, dedicarle toda tu atención a aquello que estás haciendo (incluse si es respirar). Y esto no es algo que hagamos de manera natural. Te lo demuestro:

¿Tú te duchas mientras te duchas? ¿O mientras te duchas estás pensando en el plan del día, en qué vas a cenar esa noche, o estás recreando una conversación un poco espinosa que quieres tener con tu jefe?

¡Ahá! No estás a lo que estás. No estás prestando TODA TU ATENCIÓN a la tarea en curso.

Y este es el primer motivo por el cual la meditación mindfulness ayuda a un científico: cultiva la atención y la concentración.

La importancia de la atención plena y por qué el cerebro se empeña en ponernos la zancadilla

El cerebro es un tejido que necesita una barbaridad de energía para funcionar. Y como sabes que en la naturaleza la energía es oro, el cerebro, que es muy listo, va a intentar reducir su consumo energético.

Para conseguirlo, te va a poner en piloto automático con aquellas tareas que ya están aprendidas (como ducharse), restándoles atención. El problema es que el cerebro decide esto por ti, y te puede poner (y te pone…) en piloto automático, no sólo cuando te duchas, sino con tareas repetitivas como conducir, hacer diluciones, cálculos estadísticos, calibrar un aparato…

¿No te ha pasado nunca coger el coche para ir a algún sitio al que vas a menudo y, cuando llegas, te sorprendes a ti mismo de que ya has llegado? Piloto automático.

Prestar atención y concentrarnos en una sola cosa es muy importante para todo el mundo, pero para un científico es imprescindible.
¿Piensas que Einstein desarrolló la Teoría de la Relatividad mientras hacía multitasking en la oficina de patentes suiza donde trabajaba? Pues no. Sucedió después, cuando realmente tuvo el tiempo de concentrarse en una sola cosa y estudiar. Necesitamos atención y concentración para abordar problemas, para establecer relaciones entre ideas, para entender las cosas.

Y no solo ésto: la atención y la concentración minimizan errores. En este sentido, la meditación mindfulness es como una linterna en una habitación oscura: concentramos el haz de luz en un punto en concreto. En el objeto que nos interesa. ¿Resultado? Que lo vemos mejor. Y si lo vemos mejor, es más difícil que cometamos errores. ¿Nunca has entrado en una rotonda sin mirar, porque ibas pensando en una conversación importante? Imagina (si es que no te ha pasado realmente) las consecuencias de esa falta de atención.

31 º no es ni frío ni calor. Son 31º C (Observación objetiva)

La meditación mindfulness también ejercita la observación objetiva. La capacidad de observar lo que sucede, sin juzgar si es bueno o malo, difícil o fácil, justo o injusto.


Ejemplo: ¿Alguno de vosotros registraría la temperatura para una investigación como calor o frío? “Temperatura ambiente: calor” ¿A que no? Calor y frío son términos subjetivos. La temperatura es la que es. Digamos, 31º C. Y eso será un calor horrible para algunos y un gustito para otros, pero la temperatura es la que es: 31ºC.

La paciencia es la madre de la ciencia

Establecer una práctica de meditación también ejercita la disciplina y la paciencia.

Practicar meditación no siempre (o casi nunca) es tan poético como una puesta de sol, un mar en calma, o una brisa que acaricia tu rostro mientras te sumes en una tranquilidad y paz infinita. De hecho, y sobre todo al principio, esto raramente sucede.

Paciencia. Paciencia para lidiar con lo que hay, paciencia para devolver la atención al objeto de concentración que hayamos elegido (una y mil veces), paciencia para permanecer con lo que es, con lo que sucede en nuestra mente. Y eso precisamente necesita un científico cuando investiga. PA-CIEN-CIA.

¿Cuánto tiempo pasa desde que empiezas una tanda de experimentos hasta que tu artículo sale publicado? Ahí lo dejo.

La curiosidad de un niño

Por último, pero tan importante como todo lo demás, en la meditación mindfulness se practica lo que se denomina “mente de principiante”. Esto significa mirar cada acontecimiento con los ojos de un niño. Sin ideas preconcebidas, atendiendo a lo que está sucediendo, sin condicionamientos.

Es como un crío que juega con el tapón de una botella… ¿Cómo puede pasarse 30 minutos con un tapón? (¡¡¡Con un tapón!!!): porque un niño no lo ve “sólo como un tapón” (objeto inanimado de plástico para tapar botellas). Lo ve como algo fascinante (especialmente si le has dicho que no lo coja). Lo mira con curiosidad. Quiere saber más. Lo toca, lo huele, lo muerde, lo chupa. Si puede se lo mete en la nariz (o te lo mete a ti).

¿Por qué crees que Newton enunció la Ley de la Gravitación Universal? ¿Por la manzana? No era ni la primera ni la última manzana que caía de un árbol, ni la primera ni la última que él veía caer. La diferencia fue que ese día Newton sintió curiosidad. Se preguntó el por qué. ¿Por qué caía? ¿Por qué en línea recta? ¿Por qué, por qué, por qué?

Ese evento mundano le llevó a una de las leyes más importantes de la física. Y el motivo es porque para él NO fue un acontecimiento mundano. Nada es mundano a los ojos de un niño. Ni de un científico.
Y tú, ¿meditas?

……
Esta es mi experiencia. Pero de científica a científico/a, te animo que no te creas ciegamente lo que has leído, sino que lo experimentes por ti mismo. Que busques tu propia evidencia empírica. Que te pongas la bata (o la bota) y empieces a meditar. Y si quieres, yo te explico cómo/te enseño/te acompaño/te lo cuento.

María Fábregas

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