Cómo convertirse en científico freelance, consultor o autónomo

Cómo convertirse en científico freelance, consultor o autónomo

Casi todos, dentro y fuera del ámbito científico, hemos sido educados en una sociedad que valora enormemente conseguir un empleo fijo.

La norma es trabajar por cuenta ajena, y, por lo menos en mi caso, lanzarme a emprender o montar un negocio era una posibilidad que no entraba dentro de mi ecuación. Al fin y al cabo, me habían enseñado cuál debía ser el camino a seguir. Y yo lo había aprendido.

No sabía lo que me perdía hasta que decidí comenzar a trabajar por cuenta propia.

¿Trabajar por cuenta propia o ajena?

Trabajar por cuenta ajena (o sea, “lo normal”) da más seguridad. Eso es innegable.

Es muy satisfactorio saber que hay alguien que se ocupa de ti para proporcionarte un salario, una seguridad social, unas vacaciones pagadas, … la lista de beneficios es larga.

Como empleado, da mucha tranquilidad pensar que puedes centrarte en lo que sabes hacer bien como profesional, sin tener que lidiar con procedimientos que desconoces por completo. Solo pensar en hacer una factura con IVA y retención a un cliente o solucionar un problema fiscal con Hacienda es, para muchos, algo tan desagradable que se convierte en razón suficiente para jamás plantearte la posibilidad de trabajar por cuenta propia.

Pero, además de eso, pertenecer a una empresa, a un departamento o a un grupo humano sea cual sea, nos da una seguridad poco comparable a lo que viven miles de personas que trabajan como autónomos o con alguna fórmula de autoempleo.

Así que, con esta premisa, nos encaminamos desde pequeñitos a una carrera que, sí o sí, pasa por trabajar para otros. Especialmente si tenemos responsabilidades familiares que nos han hecho alejarnos lo mas posible de la incertidumbre.

Lo normal es trabajar para otros

Hemos elegido el camino más lógico, el más normal, nos vaya mejor o peor.

Y si no va bien la cosa, acabamos viéndonos acusando a los que nos han contratado o a nuestros jefes de nuestra propia insatisfacción profesio

nal, de nuestra falta de oportunidades para promocionar, del mal ambiente de trabajo, o de lo que haga falta; porque nos sentimos legitimados: “yo soy solo un empleado, es responsabilidad del jefe el que todo esto funcione “.

Porque no había otro camino.

Cuando las cosas no van bien en el trabajo, siempre hay dos opciones, a cada cual más incómoda: a) dejar tu trabajo y buscar otro, o b) aguantar (y seguir frustrado).

Y así hemos funcionado toda la vida. Porque no había otro camino.

¿O sí?

¿Y si trabajo para mí?

Cuando trabajamos por cuenta ajena no solemos tener muchos compañeros que nos muestren las opciones que existen de trabajar por cuenta propia. ¿Me imagino a mí mismo trabajando como freelancer, generando autoempleo? ¿Podría yo convertirme en consultor autónomo?

En general, estamos tan lejos de tener esta respuesta, que lo normal es que no sigamos pensando.

Y para mí, eso es un drama: que uno no pueda elegir un camino en la vida por no saber que existe.

De acuerdo que el mundo freelance no es para todo el mundo. De acuerdo que emprender es algo complejo y no aconsejable para muchos. Pero, ¿cuántos científicos se pierden una opción profesional que sí podría ser ideal para ellos por falta de información?

Los científicos no quieren emprender

Hace unos días hice una encuesta en redes sociales para hacerme una idea de hasta qué punto muchos científicos no se plantean el ser autónomos simplemente por falta de información. Participaron más de quinientos profesionales en Twitter y LinkedIn, y los resultados fueron muy concluyentes.

El 17% de los encuestados sí se han planteado trabajar como freelace o consultor autónomo (o están en ello). Por otro lado, el 14% lo descartan con rotundidad. Ahora, lo más llamativo es que el 69% sí se lo plantería si supieran cómo empezar.

Y me atrevo a decir que estamos hablando de muchas personas. Muchos profesionales que podrían dar el paso y convertirse en medical writer, divulgador científico, consultor de subvenciones de I+D+i, editor científico, tecnólogo freelance, analista de datos, consultor estratégico, gestor de proyectos, consultor de innovación, comunicador científico, bioestadístico freelance, etc. Pero que no se atreven a dar el paso por no saber cómo darlo.

¿Pero esto de ser freelance es para mí?

El mundo freelance no es para todo el mundo. Hay mil razones para no darte de alta como autónomo y seguir buscando trabajo en una empresa. Pero también hay otras mil razones para sí hacerlo.

Puede que tu aversión a la incertidumbre o al riesgo te deje claro cuál es tu camino.

Puede que tu deseo de libertad y poder decidir en cada momento con quién trabajas (y cómo) pese más en la balanza.

Porque vivimos en un mundo brutalmente cambiante, en el que el concepto de “puesto fijo” comienza a desaparecer.
Quizá prefieras estar toda tu vida preocupado por ser realmente empleable si las cosas cambian.

Quizá prefieras no dedicarle ni un minuto a pensar cómo buscar empleo, pero estar toda tu vida preocupado por tener clientes.

Como tantas cosas en la vida, hay que elegir. Y para elegir, hay que conocer las opciones, además de conocerte bien a ti mismo.

Si me hago freelance, va a salir mal

Vale, asumamos que quieres que las cosas dependan al 100% de ti. Te apetece elegir no poder quejarte de tu jefe nunca más.

Pero el miedo reaparece cada cierto tiempo: ¿y qué pasa si me lanzo y sale mal?

Pues yo diría que si decides emprender el camino del freelance probablemente va a salir mal. Es eso lo que hay que aprender: a aprender construyendo, haciendo. Porque no podemos leer el futuro, pero sí podemos minimizar las opciones de fracaso en nuestros proyectos profesionales.

Y si nos hemos equivocado, pues siempre podremos rectificar.

Me hago freelance y acabo trabajando para una empresa

Lo más gracioso de todo es que muchas empresas, de hecho, buscan a gente con experiencia como freelance. Y realmente tiene mucho sentido. Una empresa tiene un problema, y busca a alguien que le ayude a solucionarlo. No suele buscar a alguien con un título que habilita para solucionar el problema; busca a alguien que ya lo haya resuelto.

Así que muchos que inician el camino de la consultoría o cualquier fórmula de autoempleo, tras obtener experiencia real, acaban trabajando años después por cuenta ajena.

Pero claro, después de un tiempo como freelance, ahora eres tú quien elijes.

Y a lo mejor, ahora, ¡eres tú a quien ya no le apetece tener jefe!

Fdo. Manolo Castellano PhD

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