La labor de orientador laboral de científicos e investigadores requiere de muchísimo tacto y empatía. No solo por tu público objetivo, ¡sino también por los jefes de tu público objetivo!

Día tras día me sigo encontrando con docenas, cientos de investigadores que aún no se han dado cuenta del drama que muchos científicos viven en su intento por planificar una vida profesional con cierto orden y proyección. El pobrísimo y sonrojante diseño de carrera investigadora con el que contamos no parece abrazar la idea de que muchos investigadores quieran o deban dejar la vida académica para adentrarse en el mundo del I+D+i privado, el emprendimiento o los empleos por cuenta propia o ajena más allá del laboratorio o la biblioteca.

Lo que está claro es que las universidades y centros de investigación hace tiempo que dejaron de poder absorber a tantísimo científico. Sin embargo, y curiosamente, son los centros de investigación más punteros y prestigiosos los que cuentan con la sensibilidad necesaria para aceptar el hecho de que estamos generando un número de investigadores noveles sin cabida en nuestro sistema de investigación académico. Es el caso del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO).

Hace unos días estuve dando una charla en el CNIO invitado por Marisol Soengas, donde hablé de carreras científicas alternativas al mundo académico. Este tipo de charlas son breves, pero me permiten acceder de forma directa a personas que oyen a un tío contarles por primera vez en sus vidas que existe vida más allá de la academia. Además, muchos de los asistentes dan feedback muy útil a la hora de programar futuros eventos. Muchos de los comentarios son muy positivos, especialmente para los investigadores que jamás han oído hablar de este tipo de cosas. Sin embargo, siempre tiendo a prestar más atención a aquello que no gusta, pues me da la oportunidad de mejorar yo mismo y aprender a ajustar mi servicio a las necesidades de los clientes (como hace cualquier empresa que no quiera acabar desapareciendo mientras no deja de mirarse el ombligo).

Pues bien, os cuento una cosa que no gusta: Si alguna vez has estado en una charla sobre empleabilidad, esta charla no es muy diferente. De acuerdo, tiene algunas pinceladas específicas sobre empleabilidad en el mundo científico, pero es más de lo mismo.

“Es más de lo mismo”.

Cuando oigo esto, ¡no puedo más que alegrarme por la persona que lo dice! Por una razón muy simple: esa persona ya ha buscado información anteriormente, o sea, ha asumido que tiene un problema de empleabilidad. Y llegar a esa conclusión, le estés dando solución o no, es un primer paso que cuesta mucho dar.

En un mundo laboral volátil, incierto, complejo y ambiguo podemos hacer dos cosas: pensar en “mi puesto de trabajo” o pensar en “mi carrera”. Evidentemente, uno tiene siempre que combinar esos dos conceptos. La gran diferencia estriba en que hay gente que puede ayudarte en lo primero, mientras que para lo segundo estás normalmente solo. Sí que es cierto que, cada vez más, las empresas invierten en la formación en competencias transversales que los empleados llevarán consigo dentro y fuera de la propia empresa en el futuro. Y de hecho, esto también comienza a ocurrir en el mundo científico. Ahora bien, no podemos obligar a nuestro jefe a convertirse en nuestro mentor de carrera. A veces ocurre, pero no es lo corriente. ¿Te ha ocurrido a ti alguna vez? A mí, nunca.

La jornada en el CNIO terminó con una comida con dos viejos amigos: Carolina Pola y Eduardo Oliver. Carolina, a quien entrevisté hace tiempo en el programa de radio Caminando por la Ciencia, es uno de esos ejemplos de carreras científicas no académicas tremendamente excitantes. Tras una trayectoria canónica, Carolina se adentró en el mundo de las editoriales científicas para más tarde centrar su interés en la investigación traslacional, siendo actualmente directora de Asuntos Internacionales en el CNIO.

Eduardo, por su parte, mantiene un perfil más académico y trabaja como Investigador Senior en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC). Eduardo es una de esas personas excepcionales que no conciben su actividad investigadora sin un deseo auténtico de cambiar el mundo; en este caso, el mundo científico. Fue durante años presidente de la Asociación de Investigadores Españoles en Reino Unido (CERU/SRUK) y actualmente es una de las cabezas visibles del proyecto Ciencia en el Parlamento, una iniciativa ciudadana que tiene como objetivo conseguir que la ciencia y el conocimiento científico sean la base donde sustentar propuestas políticas.

Carolina y Eduardo son dos claros ejemplos de científicos que aprecian la necesidad de fomentar las carreras científicas dentro y fuera del ámbito académico; dos científicos que además están ayudando a cambiar el mundo científico para mejor desde dentro y desde fuera del laboratorio.

¿Te animas tú a cambiar el mundo científico?

¿Te atreves a hablar sobre tu propia empleabilidad, sobre tu carrera?

¿Crees que puedes aportar algo a la ciencia comenzando una carrera fuera del laboratorio?

¿Por qué no?

Manolo Castellano

 

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