Si estás pensando en cambiar de trabajo o de profesión seguro que te han asaltado miles de pensamientos muy chungos sobre lo difícil que va a ser, la poca experiencia que tienes o lo medio imposible que es que una empresa se fije en ti. Es un estado de ánimo que se conoce comúnmente como estar muerto de miedo.

 

¿Se puede hacer algo para apaciguar ese miedo inherente a cualquier transición profesional?

Claro. Mil cosas. Una de ellas es recordar que eres curioso.

Imagínate que has identificado una tipología laboral que es definitivamente la tuya. Pues ahora, para por un momento y piensa qué es lo más importante para que te elijan como la persona más adecuada para ese puesto de trabajo… Este es un buen ejercicio para mejorar tu empleabilidad. Sin embargo, por muchas vueltas que le demos, hay algo claro: lo más importante para que te seleccionen como la persona más adecuada para un puesto de trabajo es que seas la persona más adecuada para ese puesto de trabajo. Es decir, que todas las necesidades y valores que tiene la empresa estén alineadas con lo que tú puedes aportar como profesional y como persona.

Sé que suena ingenuo decir esto cuando uno necesita recursos económicos y algo tangible para desarrollarse como profesional en un mercado en el que no sobran las oportunidades. Es cierto. Pero tienes poco que perder si empiezas a ver el vaso medio lleno. Además, igual te llevas alguna sorpresa y descubres que tienes muchas más cosas que ofrecer…

Dicen que la curiosidad mató al gato, pero el refranero popular no sabe de empleabilidad en el siglo XXI

Cada vez más empresas están adaptando sus procesos de selección de personal por competencias a un nuevo tipo de selección por valores. Por eso, lo primero que hay que hacer es conocerse a uno mismo, saber cuáles son los intereses, las competencias y los valores que nos hacen únicos. Pruébalo tú mismo, agarra un papel en blanco y un lápiz, y escribe todas esas cosas que tú piensas que te definen, aunque no tengan que ver (aparentemente) con tu empleabilidad.

¿Qué te ha salido?… Es muy probable que te hayan salido en esa lista algunas actitudes como la perseverancia, la empatía, la actitud positiva, la determinación o la proactividad, ¿verdad? Pues voy a añadir una más a tu lista. Si eres científico o investigador, seguro que hay una fortaleza que te ha acompañado toda la vida: la curiosidad.

 

Dicen que la curiosidad mató al gato, pero el refranero popular no sabe de empleabilidad en el siglo XXI.

En un entorno laboral tan cambiante e incierto, las empresas necesitan explorar y adaptarse a los cambios con personas que sepan adaptarse a los cambios. Gente con eso que en psicología individual y social se llama pensamiento lateral, personas curiosas capaces de producir ideas fuera del patrón de pensamiento habitual. De hecho, ¿sabías que uno de los rasgos más apreciados por los profesionales de los recursos humanos es precisamente la curiosidad? En las empresas incluso la fomentan con técnicas de gamificación, ¡y a nosotros los científicos nos viene ya de serie!

Y tú, ¿has dejado de ser curioso? ¿O sigues cuidando y alimentando tu curiosidad?

Si hay algo que me entristece, es ver cómo muchos investigadores y estudiantes van perdiendo esa curiosidad innata con el tiempo. En algunos casos el globo de desinfla simplemente por no estar en el lugar o el momento adecuado. Pero en muchos otros casos, tu curiosidad se pierde por estar expuesto a un ambiente laboral donde tu jefe o tu supervisor, que no han podido formarse adecuadamente en labores de managing, amputan sin darse cuenta ese espíritu de exploración y curiosidad. Agarran el alfiler y directamente pinchan el globo. Más experimentos, más deprisa, más resultados, más publicaciones, no hay tiempo… ¿te vas a poner encima a explorar y ser curioso?

Pues sí. Es tu responsabilidad no dejar de ser lo que eres. Porque sabes dónde estás ahora, pero no dónde estarás el día de mañana.

Revisa tu proyecto y pregúntate a ti mismo “¿demuestra que soy curioso?”

Ojea tu CV y pregúntate a ti mismo “¿demuestra que soy curioso?”

Muestra que eres curioso.

Y no dejes nunca de serlo.

 

Manolo Castellano

 


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