El mundo del empleo está evolucionando de forma drástica. A pesar del progreso social y económico en Europa, los jóvenes cada vez tienen más dificultad para encontrar un empleo. Un empleo a menudo precario que acarrea pensiones más limitadas e inciertas y que se está convirtiendo en una losa para los desempleados y una patata caliente para nuestros gobernantes. Y esto no son sensaciones, son conclusiones a las que han llegado informes como el Employment and Social Developments in Europe.

La Nueva Agenda de Capacidades para Europa nos insiste en que tenemos que invertir en las personas y capacitarlas para que puedan aprovechar las oportunidades de empleo y emprendimiento mejorando sus competencias y preparándolas para un mundo laboral cambiante. Lo curiosos es que hasta hace poco, un padre podía enseñarle a su hijo valores y elementos de la sociedad que eran prácticamente inmutables, incluyendo los conocimientos sobre cómo funciona el mundo del trabajo. Pero eso hoy ya ha cambiado, y el mundo laboral es ahora volátil, incierto, complejo y ambiguo.

¿Cómo estamos enseñando a buscar trabajo o a emprender? ¿Lo estamos haciendo? ¿Están haciendo esto nuestras instituciones educativas? ¿Y las universidades y sus responsables? No me meto en el debate de cuál es el objetivo de la universidad o de si debería ser su responsabilidad, … la pregunta es: ¿lo están haciendo?

Afortunadamente, algunas de ellas sí. Es el caso de la Universidad Miguel Hernández de Elche y de Pedro Robles, decano de la Facultad de Ciencias Experimentales. Pedro, como muchos otros docentes, no miran a otro lado ante los cambios que están ocurriendo en el mundo del trabajo dentro y fuera del mundo académico. ¿Cómo pueden los universitarios entonces enterarse de qué va la película?

Hace unos días tuve el placer de participar en la VI Jornadas de Empleo en Biotecnología organizada por Universidad Miguel Hernández de Elche y el Observatorio Ocupacional UMH. Este tipo de jornadas, que comienzan a asentarse en muchos programas de grado y master, sirven para dar a conocer a la gente joven (y no tan joven) los perfiles demandados por las empresas, facilitando así información real sobre el mundo real. Además, es una ocasión fantástica para que los estudiantes conozcan la existencia de los servicios de orientación laboral de su propia universidad (uno de los típicos errores de los estudiantes, ya sean de grado, master o doctorado es esperar a obtener su título para preocuparse por la realidad del mundo laboral).

La jornada no fue solo interesante para los estudiantes. Yo mismo aprendí un montón de los invitados al evento, y por supuesto, de algunas preguntas de los asistentes.

La jornada comenzó con José Antonio Picó, director técnico farmacéutico de Korott, un laboratorio dedicado a la fabricación de productos naturales, complementos alimenticios y cosméticos para el cuidado personal. José Antonio nos mostró una variedad de puestos de máxima responsabilidad técnica que encajan con perfiles biotecnológicos. Si bien es cierto que muchas empresas suelen contratar perfiles junior como técnicos suplentes responsables de productos sanitarios cosméticos y biocidas, también hay cabida para perfiles más senior (doctores) tanto en los procesos de I+D (identificación de una necesidad, desarrollo de fórmulas o validación analítica), como en los de garantía de calidad. José Antonio supo transmitir a los estudiantes, entre mil y una anécdotas, su amor y compromiso por el trabajo y el esfuerzo personal como base para una carrera exitosa.

También conocimos a Lola Sarmiento, técnico de Garantía de Calidad en Asacpharma, grupo farmacéutico dedicado a fabricar y comercializar medicamentos, productos sanitarios, complementos alimenticios y otras soluciones terapéuticas, en tres áreas médicas: línea osteomuscular, respiratoria y dermatológica. Lola, que había terminado su etapa universitaria no hacía tanto, nos explicó que su trabajo consiste en investigar, evaluar y documentar las posibles incidencias surgidas en cualquier etapa de la producción, incluyendo la supervisión del funcionamiento de los equipos analíticos y de producción durante la fabricación de los medicamentos. Lola recalcó enormemente a los estudiantes que la actitud y el deseo por aprender se valoran mucho más en la empresa que la calificación académica (¡algo que no es para nada obvio para ellos durante la carrera!).

Finalmente, fue el turno de Dani Carrillo, bioinformático de la empresa de investigación genómica y secuenciación masiva Lifesequencing. Dani nos contó que las aplicaciones de la secuenciación masiva van desde la detección de variantes genéticas asociadas con fenotipos de interés, hasta la determinación taxonómica de los microorganismos presentes en una muestra (¡por ejemplo, para la determinación de microbiomas intestinales desequilibrados!). Dani, que hasta hacía poco había sido estudiante en la propia UMH, animó a los estudiantes a acercarse al mundo de la bioinformática e incidió en que muchas empresas biotecnológicas buscan este tipo de perfiles para sus equipos.

En definitiva, esta jornada permitió a muchos aspirantes a biotecnólogos tener un primer contacto con el mundo del empleo. Por un día, dejaron de amasar conocimiento y se pusieron las pilas pensando en su futuro profesional.

Y a mí, me permitió conocer más sobre los profesionales de la biotecnología y hacer buenos amigos. Pero sobre todo, me hizo albergar esperanzas en la Universidad y en el papel que está jugando para fomentar la empleabilidad y el emprendimiento en sus estudiantes. No vale solo enseñar a los estudiantes a aprender cómo ser profesionales, también hay que enseñarles cómo llegar a serlo.

España está hoy en el top 10 de los países con mayor desarrollo del sector biotecnológico. El sector de la biotecnología española ronda el 9 % del Producto Interior Bruto (PIB) y en 2015 aportó al empleo nacional cerca de un millón de puestos de trabajo, con un nivel de facturación cercano al porcentaje del PIB que representa el turismo en España.

Tenemos delante de nuestras narices cuál puede ser el futuro de nuestra sociedad. Ahora solo nos queda llenar esa sociedad de científicos.

 

 

 

Manolo Castellano