Nunca volveré a escribir un paper

Nunca volveré a escribir un paper

Pues sí, hace unos días se ha publicado un paper en el que soy coautor, y me temo que va a ser el último.

Y cuando digo el último es literalmente el último de mi vida (al menos en lo que se refiere a proyectos de mi antiguo perfil como investigador experimental).

Un nuevo proyecto, un nuevo paper

Varias cosas fueron las que me sedujeron de este proyecto en concreto. Una de ellas fue ver cómo lo que investigaba podría tener repercusiones directas en mi día a día. Había pasado muchos años estudiando el funcionamiento de las células internas del oído y hasta la fecha nunca había tenido la sensación de que lo que yo investigaba tenía relación directa con mi vida cotidiana. Sin embargo, esto fue diferente.

Por aquel entonces había tenido mi primer hijo. Y cuando tienes un hijo empiezas a prestarle atención y tiempo a cosas que jamás se te hubieran ocurrido. Por ejemplo, elegir un chupete.

Solo entonces pasas de ignorar absolutamente el mundo de los chupetes a querer convertirte en un experto y, por necesidad, comienzas a descubrir que hay cientos de chupetes diferentes en el mercado. Diferentes marcas, tamaños, formas, anillas, edades… Hay chupetes anatómicos, fisiológicos, duros, flexibles, transparentes, opacos, de látex, de goma, de plástico, … Y cada uno tiene un porqué.

Publicar artículos científicos me ha servido primordialmente para concluir el proceso de investigación, pues si no comunicas al mundo lo que has descubierto, significa que te has quedado corto.

Lo que esconde un chupete

Pues bien, dentro de los chupetes de plásticos, los que más te aconsejan son los que son “BPA-free”, o sea, los que no contienen bisfenol A (BPA), un compuesto orgánico muy utilizado en la fabricación de plásticos. Lamentablemente, se ha descubierto que el BPA tiene efectos nocivos para la salud incluso a concentraciones bajísimas; por ejemplo, puede afectar a la producción de hormonas e incluso aumentar el riesgo a desarrollar diabetes al comportarse como un disruptor endocrino (vuelve locas a las células pancreáticas, que son las que secretan insulina). Por esa razón el BPA está siendo paulatinamente retirado del mercado en muchos productos de consumo, como el papel de los tickets del supermercado, las botellas de plástico o los chupetes.

En nuestro laboratorio investigábamos la fisiología de las células pancreáticas, y cuáles son los mecanismos moleculares que le permiten a estas células funcionar correctamente. De hecho, teníamos ya muchos detalles sobre cómo afectaban sustancias como el BPA dentro de las células. Afortunadamente, con los chupetes BPA-free ya no nos tenemos que preocupar de todo esto… ¿O sí?… Si los chupetes ya se hacían con plástico sin BPA, ¿qué le estaban poniendo para sustituirlo?

Conectando con la realidad

¡Ahí estaba la madre del cordero!

Muchos fabricantes estaban sustituyendo el BPA por variantes como BPS, BPF, BPAF, BPP, etc. Pero claro, el nivel de conocimiento científico que tenemos ahora sobre el BPA no lo tenemos sobre esas otras sustancias… Así que nos pusimos a analizar si los sustitutos del BPA tenían los mismos efectos en las células pancreáticas a nivel celular y molecular

¿Qué es lo que descubrimos?  Pues que, efectivamente, estos sustitutivos también afectaban a la secreción de insulina en las células pancreáticas (afectando en especial a muchos de sus canales iónicos).

Así que hemos abierto el melón y ahora queda mucho trabajo por delante.

Soy más consciente de cómo muchos profesionales, cada uno en su ámbito y lejos del laboratorio, están contribuyendo al avance de la ciencia.

Cómo te sientes cuando publicas

Más allá de la mayor o menor importancia del descubrimiento, uno se siente tremendamente realizado al publicar un trabajo. Es curioso, pero el descubrimiento creo que ha dejado de ser el fin de la investigación académica. Es el paper el auténtico objetivo. Comunicar tu descubrimiento a la sociedad y a la comunidad científica es la meta final. Llámalo vender tu trabajo, si quieres.

Por eso uno se siente también no solo publicando en revistas científicas, sino también dando charlas de divulgación fuera del ámbito científico. No es que sea parte de tu trabajo, es el fin mismo de tu actividad profesional.

Cómo te sientes cuando publicas por última vez

Pensaba yo que me iba a dar más pena, la verdad.

Hace unos años me hubiera resultado insoportable la idea de no volver a publicar ni seguir contribuyendo al avance de la ciencia. Sin embargo, con el tiempo uno ve las cosas de manera diferente. Yo al menos ahora veo la ciencia como algo mucho más amplio. Es más, soy más consciente de cómo muchos profesionales, cada uno en su ámbito y lejos del laboratorio, están contribuyendo al avance de la ciencia.

Así que en el fondo me siento un privilegiado, porque ahora estoy aportando valor al mundo científico y además he tenido la fortuna de vivir la investigación desde dentro. He podido vivir los dos mundos. Y digo dos mundos porque, en mi opinión, los científicos dentro y fuera de la investigación académica acaban comportándose de manera diferente por tener objetivos diferentes.

Para qué me ha servido publicar

Publicar artículos científicos me ha servido primordialmente para concluir el proceso de investigación, pues si no comunicas al mundo lo que has descubierto, significa que te has quedado corto. No me ha servido, sin embargo, para hacerme un curriculum que me pudiera servir a nivel laboral.

Todos lo sabemos. La competencia es feroz y ya no vale tener un buen curriculum o buenas publicaciones. El listón está muy alto. Probablemente demasiado alto. Y si además no te gusta escribir, apaga y vámonos.

Pero esto, que en su momento se ve como algo dramático tanto a nivel laboral como emocional, comienza a tomar sentido con los años. En mi caso, me llevo infinidad de cosas gracias a haber publicado. Yo era de los que les encantaba escribir el paper, crear una historia con sentido y enganche a partir de unos datos. Jugar con el tiempo. Aprender a conciliar datos difíciles de digerir con ilustraciones, tablas y gráficos. Comunicar.

Lo que significa escribir un paper

El refugio del paper siempre fue para mí la base de la pirámide. Cuando las cosas no iban bien en el labo o dudaba de si me seguía gustando la ciencia lo suficiente, me iba al último paper que había puesto en la pila (¡sí, esa pila de “papers para leer” que todos tenemos que cuesta tanto adelgazar!) y me sumergía en la belleza de la ciencia. Disfrutaba como un enano compartiendo los descubrimientos de otros en el lab meeting. Aprendiendo a comunicar lo complejo sin perder el rigor.

No sé si escribir papers y querer compartir lo que otros descubrían fue el origen de este blog o de las entrevistas en la radio. Pero de lo que estoy seguro es de que sí fue algo que me permitió conocerme mejor y aprender a valorar mis propias competencias e intereses más allá de la propia ciencia. Analizar información compleja, crear historias y comunicarlas a través de contenido propio es todo un arte que se puede aprender y mejorar (por ejemplo siguiendo a mi amigo Javier S. Perona en Malnutridos)

Pero si además te gusta, puede convertirse en la semilla y pulmón de tu carrera, seas investigador, formador de equipos comerciales o científico de datos. Eso da igual. Lo importante es entender que hay detrás de las cosas que amas y que se te dan bien.

A mí un día se me ocurrió empezar a hablar de empleabilidad y científicos.

Y ese día me cambió la vida.

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