Esta semana estuve en Zaragoza y Logroño participando en varias charlas y talleres sobre carreras alternativas al mundo académico para investigadores predoctorales. La Escuela de Doctorado de la Universidad de Zaragoza, al igual que haría su homónima en La Rioja al día siguiente, querían mostrar a los alumnos de doctorado algunas de las alternativas al mundo académico que existen para los doctores. Y allí que fui, raudo y veloz.

Zaragoza me recibió con una ventolera impresionante. ¡Tanto viento hacía que varias mujeres mayores no podían ni avanzar al salir de la estación! Tuve el tiempo justo para salir del tren corriendo a por un taxi y llegar a la Facultad de Ciencias. Allí me esperaban medio centenar de investigadores y estudiantes con cientos de dudas en la cabeza.

Del seminario me quedo con una pregunta del público: “¿Doctorado en España o fuera de España?” … una pregunta a la que solo te puedes responder después de tener claro para qué quieres tener un doctorado…

En mi caso, recuerdo que mi única intención al comenzar la tesis fue aprender a investigar y convertirme en investigador. Tan simple como eso. ¿Es esa la meta o el resultado de cualquier doctorado?… No. Cada persona es un mundo y cada doctorado también es un mundo. A posteriori, y tras un centenar de entrevistas en la radio a doctores que encaminaron su carrera más allá del mundo académico me queda claro que un doctorado no sirve para una sola cosa. Algunos lo aprovechan para convertirse en investigadores profesionales, otros como llave para conseguir uno de los escasos empleos en los que se exige un doctorado y otros como lanzadera hacia infinidad de retos intelectuales o profesionales.

Tras la charla, tuve la suerte de comer y compartir la sobremesa con Juanjo Maza, director de la Escuela de Doctorado, y con mi amiga Julia Herrero, investigadora en la universidad y una de las líderes de 11defebrero, un joven movimiento que pelea por la igualdad de género en la ciencia. Mucho estuvimos hablando sobre el sentido que tiene a nivel estratégico para nuestro país el formar a investigadores predoctorales aún a sabiendas de que no van a tener fácil acomodo en el sistema nacional de I+D+i. Es más, cabe incluso argumentar que más sentido tiene formar a aquellos que realizan su doctorado y provienen de otros países, en especial de Sudamérica, aunque sea desde el punto de vista de diplomacia científica y colaboración internacional.

Después del taller, y nuevamente corriendo, tocaba autobús hacia Logroño. Allí me esperaba un viejo conocido: Héctor Busto, director de la Escuela de Máster y Doctorado de la Universidad de La Rioja. Lo mejor de Logroño es que nunca es tarde para tomar unos pinchos en la calle Laurel, por mucho frío que haga. Héctor, a quien entrevisté en la radio hace tiempo, es una de esas personas que se toman muy en serio el futuro del doctorado en España. A pesar de pertenecer a una universidad pequeña, ha sido capaz de darle un gran impulso a la formación doctoral tanto en Logroño como en el Campus Iberus (el Campus de Excelencia Internacional del Valle del Ebro).

La Universidad de La Rioja cuenta con unas instalaciones fantásticas y una comunidad reducida, lo que le permite tener mucha cercanía con los alumnos. Y eso lo percibí ya en la charla. Tras la presentación, muchos de los doctorandos asistentes participaron de manera espontánea en un debate sobre cuáles deben ser las salidas profesionales para los PhDs. Algunos pensaban que debían apuntar a metas laborales acorde con su cualificación, o sea, trabajos en los que ser doctor sea una condición o un plus. Por otro lado, estaban los alumnos que ven una absoluta falta de perspectivas profesionales en el horizonte y que, por tanto, están preparados para afrontar trabajos en los que tener un doctorado no sea algo particularmente relevante. ¿Tú qué opinas?

En el fondo, siempre está latente la eterna pregunta: “¿para qué sirve un doctorado?”. Bioquímicos, abogados, psicólogos, … ninguno de los investigadores predoctorales presentes respondía igual a la misma pregunta. Claramente, algunos siguen pensando que un doctorado sirve para conseguir un trabajo mejor por el mero hecho de poseer una mayor cualificación académica. El caso es que muchos doctorandos tienen una manera de pensar bastante homogénea, pero siempre encuentras a personas que además de asistir al taller, consiguen inspirar a los demás. Fue el caso de un doctorando que nos relató cómo tuvo que trabajar en el campo de su familia desde que tenía uso de razón. Y fue después cuando se planteó estudiar, llegando a tener varias carreras. Ahora realizaba un doctorado, pero planteado de manera paralela a su labor profesional. No quería dejar de aprender, dejar de superarse intelectualmente.

¿Para qué sirve un doctorado? O mejor dicho, ¿para qué te sirve a ti un doctorado?

No dejo de aprender en estos viajes. De los profesores, de los alumnos, de la gente y sus vivencias.

Vuelta al tren. Llega con retraso a Zaragoza. Pierdo la conexión y el móvil en la estación. Llego a Madrid. Vuelta a casa.

 

Manolo Castellano

 

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